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Cuando pienso en ellas

Denzil GarteizRevista Pretextos Literarios por Escrito No. 57, Ago-Sep 2025

Cuando pienso en ellas, mi mente y mi imaginación se desbordan con ilusión.

Cuando pienso en ellas, por ejemplo, imagino un extenso y frondoso pastizal, donde los borregos son libres para andar.

Imagino el inmenso y majestuoso océano que conecta al mundo a través de sus corrientes y mareas.

Imagino un imponente Coliseo, con su intrincada y avanzada arquitectura, diseñado como un magnánimo foro para impulsar la cultura, el arte y el progreso.

Cuando pienso en ellas visualizo un mundo sin fronteras donde unos y otros conviven en armonía.

Visualizo un espacio abierto, donde el aire fresco permite la limpia y pura transmisión de las voces; donde no hay obstáculos para la comunicación; donde todo lo que se dice es claro, honesto y entendible.

En ellas imagino una gran comunidad, donde el respeto, la comprensión, la empatía y la amistad, se siembran, se riegan y se recolectan.

Tristemente, cuando me adentro en ellas lo que ve mi corazón es muy diferente.

Veo perros, con ínfulas de pastores, ladrando a los borregos para limitar su libertad y controlar su voluntad.

Veo a navegantes perdidos en el mar, sin brújula o estrellas que seguir; sin puertos que alcanzar.

Veo abusos de poder. Emperadores que mienten, engañan y dividen. Gladiadores que actúan, pelean y especulan.

Veo trincheras y púas, con bandos opuestos a cada lado, disparando balas ciegas, a enemigos invisibles.

Veo un ambiente contaminado donde todo se distorsiona, cobra sentidos opuestos y es mal interpretado; donde unos se ofenden y otros se alientan; unos desavienen y otros concilian.

Veo un campo infértil, donde la burla, el encono y la intolerancia, pudren el terreno y lo cubren de grietas y hierbas secas.

En ellas, los hombres y mujeres se convierten en sombras. Los padres y hermanos en desconocidos, y los amigos y confidentes, en espías.

En ellas todos se transforman; los crédulos dudan, los cobardes arriesgan, los solitarios exhiben, los ignorantes enseñan, los mentirosos convencen, los ingenuos sospechan y los idiotas influyen.

Ellas no son lo que yo imaginé.

Ni son redes, ni son sociales.

Parecen más bien, trampas comunales.

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Gracias por leer