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Sentir la luz

Denzil GarteizRevista Pretextos literarios por escrito No. 53, Dic 2024-Ene 2025

¡Qué celosos son los ojos que acaparan toda la belleza de la luz!

Imagino lo maravilloso que sería, al menos por una jornada, poder escuchar, degustar y olfatear los colores de su espectro luminoso.

Despertar al alba con los primeros sonidos del sol.

Escuchar sus rayos entrar a través de las persianas y romper el silencio de la noche con los murmullos del amanecer.

Dejar que los primeros destellos de luz matutina, con su tono amarillo y brillante, me silben al oído y me avisen que es hora de moverse.

Salir de la cama, amodorrado por la penumbra del magenta,

y abrir la ventana para dejar entrar la brisa con los aromas del turquesa o el cian.

Caminar por un parque y apreciar el cuchicheo del verde en el follaje de los árboles; el eco del negro bajo un obscuro puente; o el provocador susurro del rojo en un jardín de rosas.

Llenar los pulmones con la fragancia del lavanda.

Sentarme en un banco a leer mi novela favorita y, de pronto, percibir el perezoso ronroneo del gris en las nubes que tapan al sol y anuncian el aguacero que pronto caerá.

Resguardarme bajo una sombrilla y esperar que se mezcle el sol con la lluvia para escuchar el canto de mil voces al final del arcoíris; ahí donde se unen todos los colores.

Inhalar la esencia del café en la tierra mojada.

Entrar en un pequeño restaurante, pedir una mesa de terraza y maridar la dulzura del púrpura con el amargo del oliva.

Esperar al naranja del atardecer y oír el tenue zumbido del sol que se sumerge en el océano; allá en algún lugar del horizonte.

Regresar a casa caminando en el silencio de la noche para captar el sutil aullido de la blanca luna.

Y, por último, volver a recostar la cabeza en la almohada y soñar con el bullicio azulado de las olas del mar.

***

Gracias por leer